
¿Qué es el turismo sostenible?
Es sabido que el turismo es un potentísimo instrumento de desarrollo para cualquier región, especialmente para las que no existe otra alternativa de actividad económica, pero el crecimiento que genera puede ser constructivo o destructivo para la zona.
La Carta de Lanzarote (Canarias, 1995), producida por los asistentes a la Conferencia Mundial de Turismo Sostenible, quiso definirlo como “aquellas actividades turísticas respetuosas con el medio ambiente, cultural y social, y con los valores de una comunidad, que permiten disfrutar de un positivo intercambio de experiencias entre residentes y visitantes, donde la relación entre el turista y la comunidad es justa y los beneficios de la actividad son repartidos de forma equitativa, y donde los visitantes tienen una actividad verdaderamente participativa en su experiencia de viaje.”
El turismo sostenible como estrategia de desarrollo
Ecoturismo, turismo justo, turismo solidario, turismo verde. Las fórmulas son diversas, pero la esencia es común a todas, la de minimizar los efectos negativos y aprovechar al máximo los beneficios contribuyendo al desarrollo de los destinos y la satisfacción de los viajeros. Para lograr el deseado crecimiento constructivo en cualquier región, no hay más que aplicar, de forma inteligente, el principio de Desarrollo Sostenible.
“El desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras, con el fin de satisfacer sus propias necesidades.”
En las últimas cinco décadas el turismo ha pasado de desplazar anualmente 25 millones de viajeros a casi 700 millones, incluyendo lugares cada vez más remotos. Desde la Antártida hasta el Everest, ningún lugar de la Tierra se salva del turismo y ningún país se quiere privar de los beneficios económicos que produce. Un fenómeno de tal magnitud no puede pasar sin generar impactos allá donde se establece, como consecuencia de la búsqueda de beneficios inmediatos que impulsan la masificación y la destrucción de los recursos autóctonos.
El turismo convencional desarrollado desde el último tercio del siglo XX no es sostenible y ha sido especialmente destructivo con el medio ambiente: la urbanización de zonas naturales muy sensibles; la sobreexplotación de recursos limitados, como el agua potable; el tratamiento inadecuado de las basuras y vertidos que contaminan los cursos fluviales; la destrucción del paisaje con infraestructuras para el ocio, como campos de golf o estaciones de esquí, y un largo etcétera de cambios irreversibles que solo han generado perjuicios para la mayoría de las comunidades locales.
Estos impactos no solo son de carácter medioambiental, como se podría pensar, sino también económicos y socioculturales. No cabe duda de que el turismo es un eficiente motor de desarrollo económico capaz de generar empleo, revalorizar recursos autóctonos y modernizar infraestructuras. Pero el empleo que proporciona el turismo masivo para la población local es estacional, inestable y poco cualificado, y las infraestructuras se modernizan en función de las prioridades turísticas y no según un desarrollo acorde con el resto de actividades productivas. Además, la reconversión de las tierras agrícolas en urbanísticas y del agricultor-ganadero en obrero de la construcción, trae consigo a medio plazo un proceso inflacionario sobre el precio de la tierra, los alimentos y el agua potable, debido a la revalorización de unos recursos autóctonos que ya no dependen de la comunidad local. En el aspecto sociocultural los beneficios positivos de la interrelación entre culturas diferentes se convierten en muchas ocasiones para la sociedad anfitriona en un factor negativo, por la aceleración de los cambios culturales que la despojan de sus tradiciones y formas de vida dejando sus elementos más singulares para la simple mercadería turística.
La problemática del turismo está estrechamente ligada a la del consumo responsable. El turismo sostenible se ha de entender como una filosofía de vida y una manera de viajar, según la cual quienes los practican son conscientes de la fragilidad de los lugares que visitan y quienes lo ofrecen han de saber que la sostenibilidad debe ser económica, social y medioambiental sin rebasar nunca la capacidad de carga de la zona de destino.
Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), los principios que definen el turismo sostenible son:
- Los recursos naturales y culturales se conservan para uso continuado en el futuro, al tiempo que reportan beneficios.
- El desarrollo turístico se planifica y gestiona de forma que no cause serios problemas ambientales o socioculturales.
- La calidad ambiental se mantiene y mejora.
- Se procura mantener un elevado nivel de satisfacción de los visitantes, al tiempo que el destino retiene su prestigio y potencial comercial.
- Los beneficios del turismo se reparten ampliamente entre toda la comunidad.
Cumpliendo estas premisas se consigue que el turismo sostenible sea una herramienta estratégica para el desarrollo económico local.

Decálogo para un turismo sostenible
La Fundación Biodiversidad promulga estas diez recomendaciones para sensibilizar a los turistas que quieran contribuir a conservar la riqueza biológica de sus destinos y a mejorar las oportunidades de desarrollo de sus comunidades locales:
1º. Al planificar su viaje elija aquellos proveedores que le ofrezcan garantías de calidad y de respeto a los derechos humanos y al medio ambiente.
2º. Utilice los recursos naturales, como el agua y la energía, con moderación. Recuerde que son bienes escasos.
3º. Trate de minimizar la generación de residuos: son fuente de contaminación.
4º. Cuando tenga que deshacerse de un residuo, hágalo de la manera más limpia que le facilite su lugar de destino.
5º. En un espacio natural procure que la única huella que deje atrás sea la de su calzado.
6º. Si visita ecosistemas sensibles, como arrecifes de coral o selvas, infórmese de cómo hacerlo para causar el menor impacto posible.
7º. Al comprar regalos y recuerdos busque productos que sean expresión de la cultura local. Favorecerá la economía de los pueblos que la acogen y la diversidad cultural.
8º. No adquiera flora y fauna protegida por el Convenio de Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), ni productos derivados de dichas especies. Es un delito y contribuye a su extinción.
9º. En su destino disfrute conociendo la cultura, costumbres, gastronomía y tradiciones de las poblaciones locales. Respételas y acérquese a ellas, tienen mucho que contarle.
10º. Trate de contribuir con su presencia al desarrollo de un turismo responsable y sostenible, construyendo con su viaje un planeta más saludable y solidario.