San Juan de la Peña, la naturaleza románica de los Pirineos

Ago 03, 2011 No Comments by Pedro Retamar

Excavado en la roca viva, el monasterio viejo de San Juan de la Peña lleva mil años compartiendo naturaleza y arte.


Texto y fotos: Pedro Retamar

Un mundo espiritual entre bosques de leyenda

La sierra de San Juan de la Peña, en la comarca de La Jacetania, se adivina como una de las puertas de entrada a la impresionante cordillera del Pirineo, en su macizo central de las tierras de Huesca. Los paredones rojizos que guardan las hechuras de este cenobio religioso han sido testigos de la historia del Reino de Aragón, desde los inicios de su construcción en tiempos del rey Sancho Garcés, allá por el año 922.

Al abrigo de la gigantesca mole pétrea que forma el precipicio del monte Pano, el monasterio de San Juan se reafirma como uno de los símbolos biográficos de Aragón, con el comienzo de las primeras obras de edificación de estilo mozárabe, y que aún conserva frescos románicos y la espectacular sala de los Concilios. La leyenda cuenta que los orígenes del enclave santo se remontan al año 600, cuando en una cacería un noble zaragozano llamado Voto, durante la persecución a caballo de un ciervo, llegó desbocado hasta el borde del acantilado, librándose de caer por el precipitadero por haberse encomendado a San Juan en el último momento. Agradecido, descendió al fondo del barranco y halló la cueva del Galeón al pie de la peña, donde levantó una ermita en honor de San Juan Bautista; este santuario se convertiría con el paso de los años en el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña.

A finales del siglo XII se levanta el claustro románico protegido de la intemperie por la misma roca, como parte esencial de la vida monacal que mantuvieron los monjes benedictinos hasta el año 1675. Pero lo que le convierte durante quinientos años en el convento más representativo del ámbito pirenaico, es la posesión del Panteón Real que fundó el rey Sancho Ramírez, tras cuyas lápidas fueron enterrados los reyes, príncipes e infanzones de Aragón y Navarra durante esos cinco siglos. También se afirma que en este perdido cenobio de las montañas oscenses permaneció durante casi trescientos años el Santo Grial, traído desde Roma por San Lorenzo como regalo del Papa Sixto II.

El monasterio y la montaña del mismo nombre fueron preservados con la declaración de Sitio Nacional de San Juan de la Peña el 30 de octubre de 1920, convirtiéndose en el tercer espacio natural protegido de España tras la montaña de Covadonga y el valle de Ordesa.

“Es la boca de un mundo de roca espiritual revestida de bosques de leyenda”. La frase pertenece a Unamuno, que definió así este entorno donde la roca natural y la piedra labrada forman un tándem paisajístico verdaderamente admirable.

Pero a esta joya natural y arquitectónica de San Juan de la Peña, se unen otras joyas ornitológicas como la presencia del quebrantahuesos, el gran buitre oxidado que protagoniza con sus planeos estas sierras pobladas por otras rapaces, como buitres leonados, alimoches o halcones peregrinos. El pino silvestre domina el manto verde, pero también aparecen encinas, quejigos, hayas y abetos blancos, en una mezcla de vegetación mediterránea y atlántica. Aquí medran especies aladas de menor porte, pero no menor importancia, como palomas torcaces, arrendajos, ratoneros, cárabos y pitos negros; y junto a ellas, una recua de mamíferos pequeños y grandes entre los que destacan lirones, tejones y jabalíes.

El Balcón de los Pirineos

Esta sierra prepirenaica de suaves desniveles presenta en su cara norte una caída de cuatrocientos metros, convertida en un excelente mirador por donde asomarse al universo montañés de los Pirineos. Desde aquí se descuelga un balcón bautizado con tres nombres: de España, de Pilatos y de los Pirineos; y junto a él, una fabulosa reproducción en piedra de la imponente panorámica pirenaica, que permite reconocer cada uno de los picos visibles.

Para los que quieran senderear y reconocer el enclave natural paso a paso, existen varias veredas señalizadas que lo permiten con toda facilidad. Un buen punto de partida para las excursiones es el Centro de Interpretación de la Naturaleza, ubicado en la explanada del Llano de San Indalecio, junto al denominado Monasterio Nuevo de San Juan (en proceso de rehabilitación). Con la información y los planos que se pueden adquirir en este Centro se posibilitan itinerarios muy interesantes, como los que llevan hasta la ermita del Tozal de San Salvador, en un paseo de unas dos horas, o al Carrascal de San José, en tan sólo hora y media; y también llevar a cabo pequeños recorridos por los alrededores, para acercarse hasta el Balcón de los Pirineos, a la ermita de San Voto, o hacer el Paseo de Santa Teresa camino de la antigua balsa del monasterio y del mirador de Botaya.

Recomendaciones del autor

Cómo llegar:

Desde Huesca hay que tomar la N-330 hasta la localidad de Jaca, para luego continuar por la N-240 unos once kilómetros más hasta el cruce de Santa Cruz de la Serós. Desde este pueblo se accede al monasterio por la pequeña carretera A-1603.

Dormir:

-Casa La Morada. Barrio Alto, 3. Castiello de Jaca. Casón con tres siglos de antigüedad, rehabilitado y decorado al estilo tradicional.

-Casa Los Cerezos (974 355561). Ctra. de Jaca-Francia, Km. 2. Jaca. Casona de piedra y madera, en una finca de dos hectáreas.

-Casa Lastiesas Bajas (974 348083). Única, s/n. Lastiesas Bajas. Casa tradicional en medio de una finca agropecuaria.

-Casa Ventura (689 632254). Mayor, 1. Osia. Casa rústica pirenaica con jardín, decorada al estilo tradicional.

Comer:

-Casa Paco (974 361618). La Salud, 8. Jaca. Cocina tradicional con productos regionales. Precio medio: 30 euros.

-El Parador (974 355728). Ferrenal, 16. Jaca. Comida casera y de temporada en un edificio de piedra de 1882. Precio medio: 24 euros.

-La Jacetania (974 350028). Arrabal, s/n. Castiello de Jaca. Cocina regional con ambiciones y buena presentación. Precio medio: 30 euros.

Información:

-Centro de Interpretación de la Naturaleza (974 361476). Explanada del Llano de San Indalecio. Abierto de junio a septiembre, y todos los fines de semana del resto del año.

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Periodista, naturalista, fotógrafo y viajero
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