La bahía de Whitby entre vampiros y marineros
Enclavada en uno de los tramos más bellos de la costa británica, la bahía natural de Whitby guarda entre sus límites acantilados una pintoresca población de calles adoquinadas y ruinas cristianas, convertida hoy en el centro de peregrinación de los “góticos” británicos por ser el escenario que vio nacer a “Drácula” de la pluma de Bram Stoker.
Texto y fotos: Pedro Retamar
Tradición marinera
Una estampa de postal para un pequeño pueblo de catorce mil habitantes apretujado a ambas orillas del río Esk y envuelto por el parque nacional de los páramos del norte North York Moors. Y una dilatada historia encerrada en sus hechuras de villorrio británico, con un puerto pesquero que desde hace más de mil años reunió en sus cantinas a la marinería de los pesqueros y balleneros de estas costas. La tradición marinera de Whitby dio grandes navegantes, como el capitán James Cook, que no solo se formó como grumete en este puerto sino que los cuatro barcos que utilizó en sus viajes por los mares del Sur fueron construidos en su astillero. Su alojamiento en Grape Lane se halla convertido hoy en el Captain Cook Memorial Museum.
Pero Whitby es aún más antiguo, porque su puerto natural ya daba refugio a los navegantes de la época romana, sin embargo fue la construcción de una abadía católica en el año 657 la que impulsó la fama de esta atractiva localidad. Una princesa de la casa real de Northumbria recibió como regalo estas tierras con el propósito de que fundara una comunidad monástica, de la que nacería la primera abadía de Whitby. Este primer cenobio cristiano de los páramos del norte duró en pié lo que tardaron los vikingos en arribar a la costa y arrasarla doscientos años después. Las tétricas ruinas que ahora se alzan sobre los acantilados del Este haciendo inconfundible la postal más turística del pueblo, no son las que dejara la devastación vikinga sino las de la nueva abadía cisterciense levantada en el mismo lugar en el siglo XIII, destruida por Enrique VIII a mediados del XVII y a la que los cañones alemanes terminaron por reducir a su esqueleto durante la primera guerra mundial.
Vampiros y góticos

Seguramente la lúgubre apariencia de la vieja abadía de Whitby difuminada entre las nieblas invernizas y sitiada por las lápidas inclinadas del cementerio de Santa María, inspiraron a la fértil imaginación de Bram Stoker para escribir durante su estancia en el Royal Hotel de Whitby su célebre novela Drácula. La más famosa novela de terror describe en varios de sus pasajes algunos de los rincones del pueblo y las vistas del mar desde sus abruptos acantilados. Las tormentas que hicieron naufragar decenas de barcos frente a estas costas, fueron el complemento perfecto para que Stoker narrara el naufragio de la goleta rusa Demeter, que trajo a Drácula hasta el puerto de Whitby perdiéndose entre las sombras de la noche convertido en perro. Los 199 escalones que salvan la pendiente acantilada, que
desde el puerto lleva hasta la iglesia de Santa María y la abadía de Whitby, continúan iguales a como los describiera Stoker en su novela durante la huída del perro negro hacia el cementerio. Las lápidas inclinadas hacia el mar, el atrio de la iglesia asomado al camino del muelle, los derrumbes del acantilado sobre las olas y las empinadas cuestas desde el casco viejo del pueblo, todo permanece intacto desde hace más de un siglo.
Revivir estos fragmentos de la novela y perderse entre los paisajes que inspiraron al autor es lo que ha dado en los últimos veinte años un lugar privilegiado a Whitby en el mapa turístico de Gran Bretaña. En la actualidad estas ganas de terror y vampiros
también han traído al pueblo a una de las modernas subculturas underground, los denominados góticos, nacidos en Londres hace tres décadas en las fiestas nocturnas de un club llamado La cueva del murciélago, y que tienen en el pueblo de Whitby su más conocido lugar de peregrinación en este país. Un festival de música apodado Whitby Gothic Weekend reúne dos veces al año, en abril y noviembre, la mayor concentración de seguidores góticos del país británico. Las corrientes musicales Goth, Post Punk, Deathrock y Dark Indie despliegan sus sonidos más oscuros entre una muchedumbre habitante de la noche ataviada con ropas negras, caras pálidas y uñas largas, que refugia bajo sus capas su amor por lo diabólico y lo sacrílego.
Al final como todo se convierte en moda, el que llegue despistado a Whitby, puede reconvertir su aspecto con algún detalle gótico de las muchas tiendas especializadas que salpican el pueblo. Todo tipo de ropa, colgantes, pendientes, crucifijos, maquillajes, calaveras y hasta un ataúd, son fáciles de adquirir para perderse en las noches vampíricas del pueblo que vio nacer a Drácula. Aunque la cocina inglesa no es prodigiosa tiene algunos platos muy típicos, como los fish and chips y Whitby se considera su meca. El que preparan en Magpie Café tiene renombre en todo el país.
La bahía de los bandidos
Tras el deleite nocturno y la contemplación de una de las poblaciones costeras más pintorescas del condado de Yorkshire, es recomendable acercarse hasta un diminuto pueblo situado un poco más al sur, llamado Robin Hood’s Bay. Aunque su conexión con el famoso bandido es un tanto dudosa, los lugareños aseguran que aquí pasaba el héroe sus vacaciones de verano. Lo que si es cierto es que en tiempos antiguos esta bahía fue uno de los refugios principales de los piratas y contrabandistas de esta parte de Europa. Sus casas arracimadas al borde del mar, se hicieron famosas por esconder grandes secretos en sus bodegas unidas unas con otras a través de túneles, convirtiendo la aldea en el rincón más famoso del contrabando inglés. El pueblo se conserva como entonces, con una empinada calle principal que
resbala hasta el mar y un laberinto de callejuelas estrechas, plazuelas y escalinatas, que definen los vericuetos de una aldea de pescadores reconvertida en destino turístico. Muchas de sus típicas casitas se han restaurado sin perder su apariencia añeja para ser alquiladas a los turistas. La antigua capilla de Wesleyan se ha transformado en Centro de Exposiciones y en una especie de museo etnográfico que revive la vieja relación del pueblo con el contrabando y todas sus historias y leyendas. Las mejores vistas de la bahía se aprecian desde los cercanos acantilados de Ravenscar, donde incluso se puede pernoctar en su faro reconvertido en hotel. Las casas de té del condado de Yorkshire son famosas no solo por sus infusiones sino también por su excelente repostería, en The Old Bakery Tea Room se puede disfrutar de todo esto y de buena música.
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