Costa da Morte, entre la belleza y la tragedia
El más bello e inclemente cementerio marino se oculta en las profundidades del Atlántico, entre los cabos Fisterra y Roncudo.
Texto y fotos: Pedro Retamar
La vibrante energía del mar, el viento y la roca granítica convergen en la costa del fin del mundo, en el borde de la tierra; el punto que griegos, celtas, romanos y otras culturas antiguas identificaron como la tumba del sol; lugar donde cientos de barcos han sucumbido al imponente poder del agua y las nieblas. Estos titanes se hacen invencibles en el límite más occidental de la España peninsular, donde se sitúa el cabo Fisterra, dentro del litoral bautizado con el nombre de Costa da Morte.
El litoral más bello de la Península
Aunque hay muchos enclaves ibéricos, tanto del litoral Atlántico como del Cantábrico y Mediterráneo, donde el mar muestra su cara más indómita, a la hora de elegir uno en el mapa hay que poner el dedo en la provincia de A Coruña, en esta Costa de la Muerte ensalzada por su endiablado semblante, por la autoridad de su oleaje y por la sublimidad de sus acantilados. No hay mucho acuerdo a la hora de fijar los límites de esta franja costera, que en su extensión más amplia abarca desde las islas
Sisargas, en Malpica de Bergantiños, hasta la Punta Carreiro, en Muros, pero que en realidad es el tramo que une la punta Roncudo con el cabo Fisterra el que parece prestarse con mayores argumentos a tan extrema calificación.
La aventura, el misticismo, la leyenda y la tragedia se palpan en esta esquina de Galicia rodeada de una belleza natural indómita y arisca, que se atempera y dulcifica durante el tiempo más benévolo del estío, pero que en el invierno toma un cariz sobrecogedor: temporales, nieblas y vientos atacan frenéticos y provocan que la masa acuática choque exaltada sobre las escolleras y riscos al pie de los cortados rocosos. El paisaje natural sorprende en cualquier época del año, con la fusión de las originales geometrías alargadas, estriadas o redondas de las rocas, los islotes, los arrecifes, los faros y las cruces de piedra, mezcladas con los colores azul, gris, verde y blanco del mar, del roquedo, de los prados y de la espuma.
La tragedia de los naufragios
Esta recortada franja marítima, a medio camino entre las rías bajas y altas, arrastra tras de sí una historia de naufragios realmente estremecedora. Multitud de riscos se suceden a lo largo del inmisericorde litoral que ha visto sucumbir grandes barcos con sus tripulaciones, y cuyas tragedias vuelven a la memoria al visualizar las numerosas cruces de piedra que forman parte intrínseca de este embaucador paisaje. El mayor siniestro ocurrió el 10 de noviembre de 1890, cuando el buque-escuela británico Serpent chocó de noche contra las rocas de la punta Boi de cabo Tosto, pereciendo en el mar 172 marineros de una tripulación de 175. Pero el goteo de desgracias es siempre constante en la Costa de la Muerte, y a los pescadores y percebeiros que fallecen cada año tragados por el mar, hay que sumar catástrofes ecológicas como la provocada por el hundimiento del petrolero Prestige el 13 de noviembre de 2002, de la que todavía no se ha terminado de recuperar la zona.
Por los caminos de la costa
La punta más occidental de la Europa continental entra en el mar en esta zona con el nombre de cabo Fisterra, pero el brazo de tierra y roca más espectacular se llama cabo Vilán, en las cercanías de Camariñas. Desde este cabo se puede hacer una inolvidable excursión por una senda de tierra que serpentea la abrupta costa hacia el cabo Tosto y el denominado “Cementerio de los ingleses”, donde se encuentran enterrados los fallecidos en el hundimiento del buque Serpent. Si la veda está abierta, es fácil observar las tareas de los percebeiros arrancando el marisco de las rocas, mientras las olas se baten contra ellos. Más al norte se encuentra el cabo Roncudo, donde se dice que se arrancan los mejores percebes de la costa, otro de los enclaves especiales de este litoral, donde los ronquidos del mar embravecido y las hileras de cruces blancas en memoria de los pescadores muertos reciben al viajero a su llegada. En el pueblo de Laxe se puede hacer un alto
en los miradores del Monte Branco y de As Grelas, a uno y otro lado de la ría de Corme y Laxe, y por la carretera de Baio acceder al dolmen de Dombate, el más renombrado y mejor conservado de Galicia, y muy cerca el espectacular castro de A Cibdá de Borneiro, con 36 viviendas fortificadas que datan del año 520 a. C.
Al otro lado de la ría de Camariñas, en Muxía, hay que darse una vuelta por el puerto pesquero y los secaderos de congrio al aire libre. Si seguimos el paseo marítimo hasta el final nos encontramos con el santuario de Nosa Señora da Barca, patrona de Galicia, situado sobre un antiguo pedregal mágico y milagrero de culto pagano. Más al sur la punta del cabo Touriñán nos recuerda de nuevo las tragedias ocurridas en estas aguas; unos cien metros mar adentro asoma, con la marea baja y
entre las espumas, una escollera de roca llamada O Farelo, en cuyos bajíos duerme un cementerio atestado de barcos y marineros.
Pequeñas y retorcidas carreteras recorren todos los pueblos pesqueros de la Costa da Morte, de los que no hay que dejar de visitar algunos, como: Malpica de Bergantiños, Corme, Balarés, Laxe, Camelle, Camariñas, Muxía, Touriñán, Fisterra, Corcubión, Carnota, Lariño, Louro y Muros.
Recomendaciones del autor
Dormir:
-Dugium. San Salvador de Duio. Fisterra. Hotel rural emplazado en la casa de los bisabuelos de su anfitrión, con una biblioteca temática sobre la Costa de la Muerte.
-Pazo Casa Curiña (981 744024). Estimán. Dumbría. Antiguo pazo en medio de una finca poblada de castaños y frutales.
Comer:
-Zurich. Fenllido, s/n. Laxe. A Coruña. Tel. 981 728081. Buenos pescados y mariscos en uno de los restaurantes más conocidos de la Costa de la Muerte. Precio medio: 36 euros.
-O Noso Lar. Vilar. Carnota. A Coruña. Tel. 981 857302. Cocina casera de mucha calidad. Empanada de zamburiñas, habas estofadas, flan de queso,… Precio medio: 30 euros.



























